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El Maestro enseña los domingos – 31/08/2014

242014En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
– «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
– «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.»
Entonces dijo Jesús a sus discípulos:
– «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a si mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará.
¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, sí arruina su vida?
¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.» Mateo 16, 21-27

Este, el primer anuncio de la Pasión que Jesús hace a sus discípulos  es significativo para nosotros los docentes ya que nos toca también padecer.  El sufrimiento  y las contrariedades también son propias de nuestra tarea cotidiana por múltiples razones. La falta de reconocimiento, la desvalorización social de nuestro rol, la multiplicidad de tareas y responsabilidades que ejercemos a diario en la escuela, el peso  del fracaso escolar de nuestros alumnos y la responsabilización social por los resultados educativos son algunas de las oportunidades de asociarnos al sufrimiento del Maestro.

Esta frase del evangelio es muy fuerte y significativa “Si uno quiere salvar su vida, la perderá, pero el que la pierde por mí, la encontrará”. Jesús  les está planteando a sus discípulos cuál es el verdadero valor de la vida. Podríamos nosotros como docentes preguntarnos cual es el verdadero valor de lo que hacemos

El dicho está expresado de manera paradójica y provocativa. Hay dos maneras muy diferentes de orientar la vida, de orientar y conducir nuestra práctica docente, una conduce a la salvación, la otra a la perdición. Jesús invita a todos a seguir el camino que parece más duro y menos atractivo, pero que conduce al ser humano a la salvación definitiva y a nosotros a nuestra realización personal

El primer camino consiste en aferrarse a la vida viviendo exclusivamente para uno mismo: hacer del propio “yo” la razón última y el objetivo supremo de la existencia. Estos son los docentes que trabajan para sí olvidando la dimensión de servicio que la tarea de enseñar implica. La docencia está para su ganancia, los alumnos son accidentes necesarios, pasajeros y circunstanciales.  Viven buscando siempre la propia ventaja, conocen cada coma del régimen de licencias.

El segundo camino nos invita a  saber perder y perdernos, viviendo como Jesús, abiertos al objetivo último del proyecto humanizador que el Padre tiene para cada uno de sus hijos, nuestros alumnos. Desde nuestra profesión sabemos que es necesario aprender a renunciar a la propia seguridad,  comodidad, y beneficio buscando, desarrollar más que el bien personal la dimensión de servicio propia de nuestra vocación.

De este modo, la  entrega amorosa nos hace mirar primero la necesidad de los estudiantes que tenemos a cargo y nos conduce a  un modo más generoso de vivir nuestra tarea como camino de salvación.

Fraternidad Raboni

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