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El Maestro enseña los domingos – 07/09/2014

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Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano. Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos».

Buena parte de la tarea cotidiana en las escuelas está relacionada con el “corregir”. No sólo corregimos trabajos, tareas, exámenes, etc. también lo hacemos con las acciones. La “corrección” en este caso estaría relacionada a la puesta de límites y la enseñanza que el Maestro nos hace este domingo, nos viene a hablar de formas y de contenidos, es decir, del “cómo” y del “para qué”.

El objetivo que Jesús traza al hablar de “corrección” es muy claro y sencillo: Ganar a tu hermano, esto no significa dominarlo para manipularlo sino hacerlo parte de una comunidad cuyo signo evidente es la vida fraterna. Porque en la base de toda corrección está la “experiencia del amor”. Pablo también lo enseña de manera muy simple y contundente en el texto de la segunda lectura de hoy: “El que ama al prójimo, ya cumplió toda la ley”.

Podemos entonces concluir que la corrección está ligada y fundamentada en la búsqueda de la construcción fraterna y de la vida del amor. “Porque te amo te corrijo”, lo que entonces nos lleva a también a expresar que sólo será verdaderamente educativo aquello que lleve al amor.

No corregir, no poner límites, dejar pasar, mirar para otro lado para no complicarme la vida, etc. son todas formas ajenas al amor. Ser excesivamente rigurosos, utilizar la descalificación, exponer públicamente al que se equivoca, gritar, excluir, despreciar… también.

Pero entonces dónde está el modo evangélico de corregir al otro. Sigamos la línea trazada por Jesús, cuyo fin es “ganar al hermano” para que su vida quede “desatada en el Cielo” y pueda ser parte de una Comunidad de hermanos en la que Dios pueda hacerse presente con toda su plenitud.

La línea trazada por Jesús comienza por la privacidad: “Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado”. Jesús propone empezar por el encuentro personal, por el “ir hacia el otro”, no nos habla de una exposición cruda de los defectos del alumno, del padre o del compañero. Habla más bien de un cuidado de la persona y del intento no sólo de que ser escuchado sino también de escuchar las razones que el otro tiene para su modo de hacer y obrar.

El siguiente paso es el ámbito fraterno, es un modo original que no siempre tenemos en cuenta, el ámbito en el que la corrección involucra a los pares: “Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos”. Cuántas veces nos enfrentamos a situaciones conflictivas en nuestras escuelas que están relacionadas con el aspecto vincular. La propuesta de Jesús pasa entonces por generar espacios fraternos para que, a través de un nuevo modo de escucharnos y de hablarnos, podamos también corregirnos y “ganarnos” unos a otros.

Un tercer aspecto y el último en la línea trazada implica la expresión a la comunidad, no con ánimo de “juicio público” sino con una apertura al discernimiento y la participación de todos en un conflicto que si no se resuelve en los pasos anteriores es definitivamente de todos. El espacio áulico entendido dentro del marco comunitario se transformará entonces en ese ámbito de diálogo y búsqueda del bien común en el que se buscará preservar a la persona pero también se corregirá aquello que atenta con la comunión y el encuentro.

Pero aún así Jesús deja abierta la posibilidad que el otro decida no aceptar la corrección y entonces habrá que preguntarse si este hermano se siente o no parte de la comunidad, qué lugar ocupa en ella, qué lugar se le da y qué lugar él toma. Si está en comunión con los principios fundamentales que nos definen o si su “permanecer” no está ligado a un “pertenecer”.

En este modo de obrar que el Maestro nos enseña hoy frente lo que se le ha dado en llamar “Corrección fraterna” hay una expresión que es clave: “Desatar“. Cuando un límite es expresión de esta búsqueda entonces estaremos en el camino trazado por el Maestro. Se me viene a la memoria la imagen de un barral. Estos pueden estar en una cuna o en una celda. En una cuna le pondrán un límite al bebé para preservar su vida, en una celda le pondrán un límite al que no supo gozar de su libertad. Hay límites que ayudan a liberar y otros que encarcelan, hoy es un buen día para revisar no sólo nuestros modos sino nuestros propósitos a la hora de establecerlos.

Terminamos con una hermosa expresión del cantante Jorge Drexler: “Uno sólo conserva lo que no amarra”. Que el Dios de la Vida y la Libertad nos ayuden a encontrar el modo exacto de acompañar a nuestros hermanos en sus propios caminos y en la construcción de verdaderos y fraternos espacios comunitarios en nuestras escuelas.

Fraternidad Raboni

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