El Maestro enseña los domingos – 12/10/2014

302014

Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: l Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.
De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: ‘Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas’.
Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.
Luego dijo a sus servidores: ‘El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.
Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren’.
Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.
Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.
‘Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?’. El otro permaneció en silencio.
Entonces el rey dijo a los guardias: ‘Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes’.
Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos. Mateo 22,1-14.

El señor hace fiesta y es rechazado por sus invitados.

Nuestras escuelas están invitadas a la gran fiesta, somos convidados cotidianamente.  El Señor nos ofrece manjares deliciosos pero… solemos tener mucho que hacer.

Algunas veces vamos “al campo” y priorizamos la tarea cotidiana: clases, proyectos, planificaciones, conflictos por resolver, capacitaciones, búsqueda de excelencia académica…Sentimos que no nos queda tiempo para festejos, las cosas concretas nos superan.

Otras veces nos afanamos en los “negocios”.  Se nos hace centro lo económico, las finanzas, la administración de recursos, la prosperidad… No estamos para “parranda”.

En otras oportunidades, lo que los mensajeros de Dios nos vienen a decir, nos resulta tan insoportable que optamos por aniquilarlos.  Preferimos seguir con nuestras rutinas institucionales desoyendo lo que el Señor tiene para decirnos.  Nos incomoda demasiado la voz de Dios porque cuestiona, interpela, exige reflexión sobre la acción, coraje, coherencia.

Pidamos a Dios la gracia de ser instituciones que se sienten a su mesa.  Que seamos capaces de nutrirnos con el alimento que sacia para siempre.  Que no nos contentemos con migajas.  Dejemos de ser colegios hambrientos de sentido.

Nuestro Dios no nos pide que dejemos de realizar nuestra tarea o que no cumplamos con nuestras responsabilidades escolares, sino que lo podamos hacer alimentados con su presencia vivificante y transformadora.

Nuestros colegios están colmados de niños y jóvenes desnutridos de amor, de fortaleza, de compañía.  Otros están mal nutridos porque fueron alimentados con malas experiencias, resentimiento, abandono, soledad, frustraciones.

Ellos esperan “en los cruces de los caminos” que alguien `pase y los participe para poder ingresar a la fiesta fraterna que se realiza en torno al Señor para celebrar la VIDA y encontrar rumbos.

Fraternidad Raboní participa a usted (Docente / Escuela Católica)
al gran banquete del Señor, que está disponible en todo lugar y a toda hora.
Su entrada fue pagadas con la Sangre de Jesús.
Pónganse “Traje de Fiesta” y ENTRE!!!

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