El Maestro enseña los domingos – 05/07/2015

182015Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: “¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?
¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?”. Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
Por eso les dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”.
Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente. Marcos 6,1-6. 

 

La pasión es una característica de la tarea, cuando la perdemos o vamos viendo que se debilita, todo lo que hacemos o nos proponemos se hace más complejo o directamente no sale. Es que la práctica desapasionada es hueca, sin sentido… no invita ni seduce.

Es clave en nuestra tarea de todos los días expresar el amor apasionado hacia lo que hacemos y hacia quienes lo hacemos, pero…

Apasionarnos solo  de los contenidos nos hace perdernos en jerarquías, escalas y posiciones frente a los otros, en conclusión, nos aleja.

Apasionarlos solo de los vínculos nos hace perder una de las acciones más lindas que podemos ofrecer a los otros que es lo que sabemos, la posibilidad de enseñar y ver en el otro la belleza de lo que adquiere o descubre.

En Jesús Maestro podemos encontrar estas dos dimensiones de la pasión perdida o debilitada por los años o estos tiempos complejos en los que no toca ejercer el rol docente.

Mirando su vida vamos a poder ir descubriendo los mensajes que nos intenta dejar, donde el no dejar de enseñar y salir ha la multitud eran su pasión y urgencia. Descubrir en el otro el destino de lo que soy y tengo nos permite salir del egoísmo y conectarnos con la humildad, la generosidad y la misericordia.

Otro punto que nos gustaría destacar de la palabra de hoy es que, aquello que nos moviliza, no puede dejar de tener en cuenta el lugar y los destinatarios. Abrirnos a la posibilidad de encontrarnos con el no querer, el prejuicio o la desconfianza nos permitirá cuantificar y decantar lo que ofrecemos, entregamos y percibimos.

Creemos que la tarea docente debe ser generosa y cercana pero también debe ser ofrecida con una mirada trascendente y real al mismo tiempo… ofrecer generosamente lo propio sin dejar de analizar y leer lo que vamos recibiendo.

¡Cuánto más nos motiva el saber que somos escuchados y valorados!
¡Cuanto más ofrecemos cuando percibimos que el otro, con sus límites, carencias e historia, nos recibe a nosotros y a lo que enseñamos!

Enseñar es un acto de amor y el amor es apasionado, generoso y desinteresado.

 

La mejor motivación para decidirse a comunicar el Evangelio es contemplarlo con amor, es detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón. Si lo abordamos de esa manera, su belleza nos asombra, vuelve a cautivarnos una y otra vez. Para eso urge recobrar un espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor para transmitir a los demás. (264 -EVANGELII GAUDIUM)

 

Fraternidad Raboni

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