El Maestro enseña los domingos – 19/07/2015

202015Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
El les dijo: “Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco”. Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.
Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.
Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. Marcos 6,30-34.

Queridos hermanos y colegas este parece un texto elegido por el Seños para nosotros los docentes que estamos hoy a las puertas del receso invernal.

Los apóstoles regresaban de la misión que Jesús les había encomendado: “…proclamar el Reino de Dios y sanar a los enfermos” (Lc. 9, 2). Podemos imaginar el entusiasmo de los discípulos cuando le narraban al Maestro la experiencia de comunicar su mensaje, la experiencia de enseñar.

Vemos aquí a un Jesús sensible a las necesidades de sus discípulos. Él percibe el cansancio humano, la necesidad de silencio, la necesidad de reencuentro interior de cada uno consigo mismo y  con su Señor.

Los invita entonces a subir a la barca, a alejarse de la orilla para buscar un espacio, un lugar desierto, un tiempo para “detener la pelota”, meditar, reponer las fuerzas necesarias para volver luego al anuncio. Los Apóstoles se dejan conducir, son fieles en eso también. Les alivia el corazón saber que compartirán un tiempo de calma junto al Maestro.

Pero las necesidades parecen no conocer de descanso. La multitud ávida les salió al encuentro en la otra orilla. Aquí nuevamente la actitud amorosa de Jesús que, sensibilizado por las búsquedas de quienes lo seguían, los recibe y les enseña un largo rato. El Maestro toma el lugar del servidor y se sobrepone a su cansancio personal dejando, así lo imagino,  a los Apóstoles disfrutar de ese tiempo de alivio.

Los animo a que veamos este texto como un gesto amoroso y providencial de Jesús que sabe de nuestros desvelos y cansancios, que nos anima a disfrutar de un tiempo de tregua y que además nos da la tranquilidad que en el mientras tanto, Él se ocupa la pequeña multitud que nos fue confiada.

¡Buen y reparador descanso a todos los que gastan sus días en la misión de hacer presente el mensaje de Jesús entre sus pequeños!

 Fraternidad Raboní

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