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El Maestro enseña los domingos – 02/08/2015

Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste?». Jesús les respondió:

222015«Les aseguro
que ustedes me buscan,
no porque vieron signos,
sino porque han comido pan hasta saciarse.
Trabajen, no por el alimento perecedero,
sino por el que permanece hasta la Vida eterna,
el que les dará el Hijo del hombre;
porque es él a quien Dios, el Padre,
marcó con su sello».

Ellos le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado». Y volvieron a preguntarle: «¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?   Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura:
Les dio de comer el pan bajado del cielo». Jesús respondió:

«Les aseguro
que no es Moisés el que les dio el pan del cielo;
mi Padre les da el verdadero pan del cielo;
porque el pan de Dios
es el que desciende del cielo
y da Vida al mundo».
Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan».
Jesús les respondió:
«Yo soy el pan de Vida.
El que viene a mí jamás tendrá hambre;
el que cree en mí jamás tendrá sed.
Jn 6 24-31

 El texto de hoy nos presenta un intenso diálogo de Jesús con sus discípulos. Resulta realmente significativo no sólo el contenido sino la esencia de lo que se pregunta y sobre todo se responde por eso les proponemos aprovecharlo para poder mirar con mucha sinceridad en qué punto estamos parados en nuestro seguimiento de Jesús y nuestra identificación con sus Palabras y su Gestos.

Habitualmente escribimos en este espacio expresiones ligadas al modo “pedagógico” en el que Jesús encara su misión y tratamos de llevarlo a la vida cotidiana del docente. Hoy no será la excepción pero lo que aquí se reflexione estará principalmente dirigido a la persona del docente, a su modo particular de buscar, seguir, creer y anunciar al Maestro. Esta propuesta parte del convencimiento que lo que no pasa primero en nuestra propia vida no será propuesta válida y confiable para el otro. Nuestros alumnos están atentos a nuestros modos de encarnar aquello que realmente creemos, y en esto no sólo nos referimos a la fe sino a lo que habitualmente expresamos. Sólo los movilizará y cuestionará aquello de lo que estemos convencidos y sea para nosotros pilar y sentido de la propia vida.

Hoy Jesús nos pone de cara a la verdad de la fe y de las obras. Hoy nos pone en una dimensión de sinceridad con nosotros mismos, con los discursos que a diario expresamos y sobre todo con el espíritu y el contenido de las obras que realizamos.

Jesús expresa con total crudeza lo que percibe respecto de los motivos del seguimiento que sus discípulos le hacen. Les cuestiona su búsqueda en primer lugar ya que percibe que lo que anhelan, en realidad, son los beneficios prácticos que les trae el seguirlo.

A nosotros nos puede llevar a preguntarnos si creemos en Jesús por lo que es o por lo que necesito. Responder afirmativamente la primera cuestión implica un modo de seguimiento discipular que se traduce en una identificación con el espíritu, las palabras, los gestos y las búsquedas del Maestro y una sintonía y compromiso en el anuncio y la construcción del Reino.

En cambio la segunda posición supone una fe mercantilista, de cumplimiento, hueca de misión y llena de obligaciones. Se vincula con un Dios al que puede identificar con “un empleado en un mostrador” que “da para recibir”. Es una fe sin corazón ni pasión, sostenida en el cálculo y la especulación.

Detrás de cada búsqueda hay una necesidad que necesita ser satisfecha. Pero cuál es el alimento para saciar esta necesidad? “Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna”. 

En esto consiste la gran invitación del Maestro en esta segunda etapa del año, darle a nuestra vida una orientación hacia lo que permanece, hacia lo eterno. Ir detrás siempre de lo perecedero consumirá nuestra existencia, en cambio ir hacia lo eterno le dará un oxígeno vital que ayudará sobre todo a renovar la mirada sobre los otros y a redefinir el sentido y el horizonte de nuestras búsquedas. 

Hoy se sobredimensiona la importancia de lo perecedero hasta el punto de confundirlo con lo eterno. Y muchas veces ahí va nuestra vida y la de muchos de los alumnos y sus familias. Lo perecedero tiene la virtud de adueñarse de la voluntad e influir notablemente en la toma de decisiones.

  «Señor, danos siempre de ese pan»
Danos siempre el deseo de buscarte y de seguirte,
danos otra vez de tu Pan, un Pan que nos alimenta de espíritu fraterno
y nos da una mirada trascendente que nos permite
vivir lo cotidiano con la alegría y la esperanza
que brotan de tus Palabras y tus Gestos.
Amén

Fraternidad Raboni

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