El Maestro enseña los domingos – 16/08/2015

402014María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”.
María dijo entonces: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz”.
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre”.
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa. Lucas 1,39-56.

 

María acaba de recibir la noticia de que será la madre del Salvador. Tan grande acontecimiento no la encierra en sí misma, muy por el contrario la impulsa a salir de sí y la pone al servicio de Isabel.

Es asombroso como María confía la gestación que en su propio cuerpo estaba sucediendo y se pone en marcha por caminos difíciles y escarpados para cuidar, acompañar y proteger la vida que se gestaba en su prima.

Este es el primer mensaje que encierra este texto para nosotros como docentes. Se trata de la posibilidad de confiar, casi hasta el olvido, aquello que en nuestro interior se va gestando, desarrollando, creciendo. Confiar lo nuestro propio para salir al encuentro del otro, de los otros, de los  más frágiles y vulnerables, de nuestros alumnos. En ellos, en sus historias hay  vida latente, hay futuro que espera, hay posibilidades que se desperezan, hay confianzas a conquistar y caminos a emprender. Esas vidas en gestación que encontramos diariamente en las aulas esperan a un docente capaz de salir de sí, de sus ensimismamientos para cuidar, contemplar y aumentarlo vital en el otro que le fue confiado.

Por su parte Isabel recibe a María y a su concepción. La vida se pone en contacto con la vida en una comunicación instantánea, profunda y misteriosa. En esta comunicación de vidas se pone en juego lo auténtico, lo hondo, lo simple. El encuentro entre estas dos mujeres y las vidas que laten en ellas encierra un misterio de vinculación en el que el amor es le signo distintivo del encuentro. Desde ese amor se liman las distancias, se acercan los corazones y prevalece lo verdadero y lo sencillo. La comunicación es el eje de la tarea del aula. A partir de ella se abrirán o clausurarán posibilidades. Este es un día para meternos en el misterio de este encuentro y para pedir, como gracia particular aprender de él.

Este momento único en la vida de María e Isabel encierra una doble gracia: visitar y ser visitado. Isabel se pregunta ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Mi corazón docente devuelve como eco estas otras preguntas   ¿Quién soy yo para visitar al Señor en el otro? ¿Quién soy yo para que estos pequeños que me fueron confiados me reciban a mi y me abran las puertas de sus vidas? ¿Qué hago yo con este llamado tan misterioso y trascendente? ¿Qué hago con mi pequeñez frente a la grandeza de esta misión?

La Madre nos responde enseguida. Nos habla desde una lógica distinta a la humana. Nos habla de un Dios que nos envía al servicio regocijado en nuestro límite, que actúa en lo pequeño, que se alegra en la humildad, que sacia nuestra avidez, que socorre nuestra necesidad. Nuestro Dios tiene sus lógicas y María viene a enseñárnoslas para que las comprendamos y nos animemos a servir y a permanecer en el servicio hasta cumplir los tiempos y los procesos como ella misma lo hizo.

Fraternidad Raboni

Sobre el Evangelio del 15/08/2015

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