El Maestro enseña los domingos – 13/09/2015

282015“Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”.   Ellos le respondieron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas”. “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro respondió: “Tú eres el Mesías”. Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.

Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días;  y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”.

Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.  Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.” (Mc.  8,27-35)

 

Haciendo una lectura pedagógica de este texto del Evangelio, como docente, me pregunto:

* ¿Quién es Jesús para mí?

* ¿Quién es Jesús en mi tarea? ¿El motor, como pieza central? ¿La nafta, que me pone en funcionamiento? ¿El paragolpes, que me ayuda a “atajar” y “amortiguar el impacto” frente a los conflictos del dinamismo escolar? ¿Las luces, que me ayudan a ver el camino, a esquivar pozos, a evitar obstáculos? ¿El baúl, porque siempre está atrás de otros prioridades?…

* ¿Quién es Jesús para mis alumnos?

* ¿Quién es Jesús para la institución en la que desarrollo mi profesión?

* ¿Puedo decir, como Pedro: Sos el mesías, el salvador de mi vida, el Dios encarnado que camina con su pueblo, el único capaz de ofrecer “sentido” pleno a la vida de mis alumnos?

¿Estoy dispuesto a dejarlo todo para seguirlo? ¿Puedo valorar mi cruz desde su mirada?

¿Gasto mi vida por Él? ¿En qué “pierdo” mi vida, mis días, mis horas, mi energía, mis conocimientos, mi preocupación? ¿Qué se me hace centro de mi tarea? Cuando trabajo, ¿detrás de qué corro?

Parte de nuestro oficio de educadores es preguntar y preguntarnos, cuestionar, indagar, incomodar. No conformarnos con lo aparente, perfeccionar, proponer la evolución en los procesos.

Jesús, nuestro Maestro, no se queda atrás.  Nos pone de cara a sus preguntas que van al centro de nuestro ser, de nuestra fe, de nuestra vida y de nuestra tarea.  Anímenos a meditar sus cuestionamientos que ciertamente buscan nuestra plenitud personal y profesional.

Fraternidad Raboni

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