El Maestro enseña los domingos – 20/09/2015

292015Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará». Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.

Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?». Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos». Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado». Mc 9. 30-37

Dos parecen ser las ideas que Jesús les comparte a sus discípulos en un marco de fraternidad e intimidad. La primera podríamos sintetizarla en: “Nadie dijo que la vida les sería fácil…” y la otra idea podríamos conectarla con la primera y entonces concluir que: “… pero aún así  ni se compliquen ni se la crean porque clave es ser simples… el único remedio contra la complejidad es la sencillez”.

A medida que iban avanzando en el conocimiento de Jesús los discípulos fueron comprobando que el anuncio y la construcción del Reino suponían necesaria e irremediablemente pasar por la cruz.

La cruz es parte de la vida, esto lo comprobamos cotidianamente, todo discurso contrario es mentiroso y para poder cargar la cruz, siguiendo siempre la voz y el testimonio de Jesús, hay una primera actitud tan evidente como paradójica: Aceptarla. En la aceptación no hay resignación. Aceptar supone una actitud madura e inteligente de reconocer que la vida no es una ilusión mental, ni una mezcla de sensaciones que se aborda con frases publicitarias y por cierto falaces y demagógicas. Aceptar la cruz es reconocer que el dolor está, que la injusticia nos rodea, que las miserias humanas conviven con nosotros y sobre todo en nosotros. Pero cuidado, aceptar no es, ni mucho menos, renunciar o abandonar, sino todo lo contrario. Aceptar es reconocer lo que hay, lo que está, lo que tal vez no provoqué pero me rodea y buscar los medios para abordarlo.

No es cierto que Jesús quisiera la cruz, de hecho le pidió al Padre que lo liberara de ella, pero la aceptó y su aceptación posibilitó la Resurrección. Porque aceptar la cruz es asumir que el dolor, la muerte, el engaño, la mentira… no tienen ni deben tener la última palabra, por eso nada más dinámico que la aceptación y nada más distante a esto que la experiencia de la resignación, experiencia que supone abandono, renuncia, derrota… muerte.

Quien asume una actitud de aceptación abre una puerta y puede visualizar caminos posibles, quien se resigna entierra una ilusión. Quien se para en una actitud de aceptación puede decir“No todo lo que sucede conviene”, en cambio quien se resigna o busca crear deliberadamente espacios de resignación social proclamará que en todo suceso hay una conveniencia.

Es interesante hacer una mirada a nuestros ambientes escolares para descubrir qué postura tomamos con lo que sucede, qué preguntas nos generan pero sobre todo qué prácticas alientan. Jesús prefirió la intimidad de su grupo más cercano para discernir estas cosas y hablarles en profundidad del misterio de la cruz. ¿Qué se propone en el ámbito escolar para hablar de estas cosas? ¿Hay acaso una resignación abandónica en nuestros gestos cotidianos? O hay más bien una postura que acepta el desafío y asume el reto.

«¿De qué hablaban en el camino?», con esta pregunta Jesús los vuelve a ubicar en lo que verdaderamente importa. Esta misma pregunta se nos vuelve hoy como miembros de instituciones educativas. Jesús Maestro puede estar hoy desde el corazón de este texto diciéndonos:¿Cuáles son sus preguntas? ¿Qué se pregunta la escuela argentina en estos tiempos? ¿Y la católica? Ojalá pueda preguntarse por su sentido, su misión y su identidad. Ojalá pueda preguntarse cuánto de lo que hace, vive y proclama está direccionado por la pasión evangelizadora de un hombre y una cultura que no deja de buscar y que aún hoy sigue poblando sus aulas. Ojalá no le pase como a los discípulos y se enfrasque y detenga en problemas de poder, de prestigio, de dominio y manipulación.

¿Qué tipo de personas estamos formando? Volvamos a la acción de Jesús con sus discípulos, los lleva a un espacio íntimo, de encuentro, nos los expone, los aparta y ahí, en la profundidad de ese vínculo les habla y sobre todo los escucha. En esa escucha capta el discurso que sobrevuela el ambiente “Quién es el más grande”. La verdadera grandeza está en la pequeñez, en la simpleza. No hay otro misterio, no hay otro mandato.

Escuelas que enseñen a aceptar la realidad como primer paso para poder transformarla viviendo en la sencillez y la simpleza de los gestos y las prácticas parece ser el mensaje de Jesús Maestro para todos y cada uno de los que asumimos la revolucionaria y trascendental tarea de educar.

Fraternidad Raboni

Reflexión compartida el 23/09/2012 (Ver)

 

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