El Maestro enseña los domingos – 15/05/2016

“Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».  Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

 Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes!  Como el Padre me envió a mí,  yo también los envío a ustedes».

Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:  «Reciban el Espíritu Santo.  Los pecados serán perdonados  a los que ustedes se los perdonen,  y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».  Jn. 20, 19-23

 

Jesús había muerto recientemente y sus discípulos estaban encerrados por temor. Los acechaba la idea de que podrían correr la misma suerte que el maestro.  Estaban desorientados, confundidos y tristes.

El evangelio utiliza dos expresiones para describir muy claramente este estado de la comunidad:

“Puertas cerradas” y “Miedo”

Podemos pensar la realidad de nuestras escuelas desde estos dos conceptos:

¿Qué puertas están cerradas en nuestras instituciones? ¿Dónde hay falta de apertura, ensimismamiento, autorreferencia? ¿En qué aspectos no dejamos entrar la luz de lo nuevo, el aire que oxigena y vivifica? ¿Qué procesos se están ahogando, sofocando, consumiendo por el encierro?

¿Dónde dejamos que nos ganen y ocupen los miedos? ¿En lo pedagógico? ¿En lo convivencial? ¿En nuestro contacto con la realidad social? ¿Frente a opiniones de otros?

¿A qué le tememos? ¿Al desafío de la diversidad? ¿A las múltiples formas de obtener información y conocimiento que tienen nuestros alumnos? ¿A la caducidad de muchos de nuestros métodos de enseñanza frente al vértigo de los cambios? ¿A enfrentar el sin sentido de algunas de nuestras prácticas? ¿Tenemos miedo de probar formatos nuevos frente a otros obsoletos que sostenemos por seguridad, desconocimiento o comodidad?

¿Le tememos a los juicios, a las deudas, a los escándalos, a las crisis económicas, a los conflictos?

Ante el encierro y el temor de la comunidad, Jesús sopla y envía al Espíritu Santo.    Tal como en la creación, el soplo de Dios hace cosas nuevas, enciende vida en lo inerte, impulsa lo que está detenido.

Pidamos al Señor un Pentecostés escolar y también un Pentecostés personal y comunitario.  Que sople sobre nuestra realidad mas detenida, encerrada, trabada, atrofiada.  Que con su creatividad, el Espíritu genere algo nuevo, esperanzador, movilizante,  entusiasmante.

Clamemos al Espíritu Santo para que abra las puertas y nos libere de los temores que nos detienen.

¡¡Vení Espíritu Santo y encendé en nosotros el fuego de tu amor!!

Fraternidad Raboni

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