El Maestro enseña los domingos – 22/05/2016

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
“Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: ‘Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes’.” Juan 16,12-15.

Este comentario está inspirado en los textos de la Carta de San Pablo a los Corintios y de Juan 16, 12-15 que se leen en el día de hoy Fiesta de la Santísima Trinidad. 

El misterio insondable e inabarcable de la Trinidad nos invita, aún a pesar de los límites de la razón y la reflexión, a sumergirnos en su profundidad.

Hay un aspecto esencial que se nos revela: Dios es comunidad de Personas, y esta comunidad se presenta como el grado más alto y trascendente de la comunión plena. El Padre, el Hijo y el Espíritu tienen una identidad y una misión tan claras y una unidad tan inseparable que así como son uno en sí mismo son uno siendo tres.

Tres expresiones entonces surgen en forma inmediata: Identidad, Comunidad, Misión. Tres expresiones ligadas a la experiencia escolar.

Educamos para cada uno de nuestros alumnos desarrolle su identidad, vaya haciendo su procesos de construcción identitaria, dicho en términos más simples, sean ellos mismos. No hacemos sujetos en serie, formamos personas únicas capaces de descubrir no sólo quiénes son sino para qué están en el mundo y cuál es su rol en la historia. Todo esto suele estar en el apartado “perfil del egresado” de nuestros proyectos educativos, es urgente que no sólo esté en el papel sino que se vea reflejado en la práctica cotidiana. Para que esto sea posible se necesita un nuevo modo de vincularnos con los alumnos, no se trata sólo de habilitar la palabra de ellos, se trata, además, de contenerla, orientarla, formarla y enriquecerla, por eso lo importante no es sólo generar espacios de expresión sino tener en claro qué hacer después educativamente con ellos.

Educamos en el marco de procesos comunitarios. La escuela no es una familia, ni una empresa, por supuesto que tienen elementos de ellas que hay que poder capitalizar, pero la escuela y sobre todo la inspirada por el Evangelio de Jesús, está llamada a ser comunidad, a la luz del Dios en el que cree y anuncia. En una comunidad no hay padres e hijos, jefes y empleados…en una comunidad hay hermanos, con la misma dignidad, seguramente con diferentes roles y responsabilidades pero hermanos al fin. En una comunidad no hay espacio para el dominio de unos por otros, para la manipulación de las vidas y horizontes, para la obediencia debida e irrestricta. En una comunidad impera la unidad en el amor y el desarrollo pleno de la libertad y cuando la libertad se cimienta en el amor genera decisiones que fortalecen la identidad y la vida comunitaria.

Se hace urgente, a la luz de la Palabra Trinitaria, desarrollar la vida comunitaria en cada aula, en cada cuerpo docente, en cada equipo directivo. Poder hacer una pascua de lo grupal a lo comunitario. Atender los procesos vinculares y el ambiente en el que se educa no es sólo una cuestión de forma es una necesidad esencial para que pueda darse con plenitud cualquier propuesta educativa. 

Por último nos detendremos en la misión, el por qué y el para qué de toda tarea. Está claro que la misión de la escuela es educar y la misión de la escuela católica es evangelizar a partir del hecho educativo. Que la escuela sepa para que está en el mundo es un primer paso para reorganizarse y refundarse. Hay muchas presiones y demandas sobre el mundo escolar, cada vez se exige más y más y los docentes se ven presionados a dar respuestas a preguntas que no están preparados a responder y, que en muchos casos, tampoco tendrían que hacerlo. La escuela y sus docentes pasan entonces, a ocupar un espacio que no es el suyo. Hay un claro problema de ausencias y crisis de adultos que se trasladan a los colegios. Frente a esto lo primero es volver al origen y redescubrir la misión primera. Lejos está proponer en este texto cerrar oídos y ojos a la realidad que nos llega, resulta imposible enseñarle a un alumno o alumna de la edad que fuera si primero no atendemos su necesidad y si no tenemos en cuenta su contexto, pero también es un errar quedarnos en el mero hecho de la contención y el consuelo. La escuela debe volver a encontrarse con el rostro y la palabra liberadora que encierra en el acto educativo. Enseñar es liberar la vida que está sembrada en cada corazón, es generar la posibilidad para que lo latente se vuelva vital. Educar es personalizar no masificar, es generar protagonistas y productores no clones y simuladores.

Que el Dios Comunidad nos ayude a “comprender ahora” y nos “introduzca en la verdad” y así experimentar una vez más las palabras de Pablo a los corintios “Nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la constancia, la constancia la virtud probada, la virtud probada la esperanza.

 

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