El Maestro enseña los domingos – 17/07/2016

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.
Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude”.

Pero el Señor le respondió: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada”. (Lc. 10,38-42) 

En la vida escolar hay infinidad de cosas que parecen necesarias e importantes, como planificar, proyectar, enseñar, preparar clases, acompañar a las familias, resolver conflictos, corregir al que se equivoca, felicitar al que se va superando…Hacemos todos los días, muchas cosas necesarias pero, si por ocuparnos de todo eso no nos queda tiempo para escuchar a los demás, de qué sirve el trabajo?.  Posiblemente abordamos muchos servicios a Dios y al prójimo pero solo una cosa es necesaria: Escuchar a Jesús cuando se hace presente.

Marta recibe a Jesús en su casa pero, inmediatamente después, no tiene tiempo para escucharlo y estar con Él.  En nuestras escuelas recibimos todos los días a Jesús en cada niño, en cada joven, cada compañero, cada familia.  Los invitamos a pasar a casa pero después? Nos ponemos a sus pues, como María? O nos aceleramos en mil cosas y nos olvidamos que el Señor está ahí?  Somos capaces de dedicar tiempo a escuchar? Escucharnos entre nosotros, escuchar a Dios… No hablo de escuchar apresuradamente, mientras hacemos otra cosa o mientras nuestros pensamientos ya están pendientes de lo que viene después.  Hablo de escuchar con amor, con toda la atención, con todo nuestro ser.

María optó por escuchar a Jesús.  Posiblemente no haya meditado demasiado su decisión. Tal vez lo hizo por impulso de su corazón.  Pero Jesús, que podía ver más allá de la circunstancia, sabía que no permanecería por mucho tiempo en ese lugar.  María supo aprovechar esos breves momentos en que Jesús podría ser de ella y ella para ÉL, escuchándolo.

En nuestra tarea, a veces nos pasa, que vivimos instantes en los que vemos claramente la presencia de Dios en lo que hacemos.  Esos momentos en que el Espíritu Santo nos ilumina y podemos ver a Jesús ahí, en una situación precisa, en alguna  persona o en alguna enseñanza.  Este año fui testigo de cómo algunas personas pudieron dejarlo todo (lo cotidiano) para permanecer junto a  Jesús y escucharlo.  Comento solo algunos ejemplos:

  • Hace unos meses, falleció el papá de una alumna de secundario. Cuando Nayla se reincorporó al colegio, se acercó a una profesora para disculparse por no haber entregado a tiempo un trabajo práctico y explicar su situación.  La profesora, que ya había dado una actividad al resto de sus compañeros,  la invitó a sentarse para conversar y dedicó varios minutos de su clase a escucharla como si no hubiera nada más importante en el mundo. Si alguien veía la escena desde afuera, podía pensar que la docente desatendía al grupo o estaba de pura charla. Sin embargo, el clima gestado entre esas dos mujeres, la posibilidad de expresión, la demostración de preocupación, el cruce de miradas, los gestos de cariño, aseguraron la presencia de Dios aún sin nombrarlo.
  • Un nene de Nivel Inicial fue internado y tardaron varios días en poder diagnosticar su enfermedad y dar un tratamiento. Cada uno de esos días, su maestra lo fue a visitar a la clínica, y en varias oportunidades, llevó a “Superseño” para alegrarlo y robarle una sonrisa. (Superseño: Seño de Jardín disfrazada de superhéroe con todos los elementos necesarios)

A esa maestra no le sobra el tiempo.  Además de trabajar, tiene su marido, sus hijos, su casa.  Sin embargo, tenía la certeza de que ese era el lugar en el que tenía que estar.  Permaneciendo atenta junto a Jesús, presente en ese niño.   Tenía claro que “una sola cosa era necesaria” en ese momento.

Así podría seguir compartiendo varios testimonios más de personas que, el algún momento de su cotidianeidad, han dejado lo urgente y necesario, para dedicarse a escuchar y atender a Jesús.  Pudieron tener el reflejo y la lucidez para descubrir a tiempo ese instante en el que el Maestro estaba allí, haciéndose prioridad aún frete a lo que, cinco minutos antes, parecía impostergable.  Doy gracias a Dios por ser testigo de todo esto, por el valor de esos testimonios que, no solo  enriquecen a sus protagonistas, sino también a los que estamos cerca y tenemos la dicha de ser testigos.

Seguramente, vos que está escuchando, también habrás vivido alguna situación como estas en tu colegio.  Te invitamos a contarlas para que la abundancia de gracia de esos hechos desborde y empape también a quienes los escuchemos.  El amor, es la única cosa que, aunque se derrame siempre sigue fluyendo, alcanzando y sobrando para todos. En inagotable.  No lo guardes, no peques de humilde o vergonzoso. Hagamos que el Amor circule y entusiasme!!

Fraternidad Raboni

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