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El Maestro enseña los domingos – 13/11/2016

Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: “De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. 
Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?”. 
Jesús respondió: “Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: ‘Soy yo’, y también: ‘El tiempo está cerca’. No los sigan. 
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin”. 
Después les dijo: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino. 
Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo.” 
Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí. 
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir. 
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. 
Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas.»

Lucas 21,5-19. 

 

Durante estos últimos años con la Fraternidad Raboni hemos visitado muchas escuela, de todo tipo, además de las que, por trabajar en ella, voy viendo o visitando solo o con alumnos. La variedad, en todo sentido, es asombrosa.

Es inevitable el mirarlas y al mismo tiempo pensar en la que estoy, comparar, diferenciarlas ver lo que tenemos y lo que podríamos incorporar o cambiar.

He visto aulas con pisos de tierra, gimnasios con brillosos pisos de madera y aros de básquet colgantes, pizarrones rotos o quebrados y bancos acolchados y cómodos… todo en las escuelas, lugar donde el saber y el conocimiento se mezclan con la vida de tantas personas.

Y frente a todo esto la Palabra nos dice “no quedará piedra sobre piedra”… y es así amigos, nada quedará, pizarrones rotos, pisos brillosos, bancos armónicos o salones acolchados, todo pasará en la vida de nuestros alumnos o compañeros… todo menos aquello que se haya hecho huella  y marca en la vida de ellos.

Todo pasará menos lo que hayamos podido dejarles en el corazón, eso es eterno, indestructible. Gestos de cercanía, pasión en el dictado de las clases, saberes que por complejos no se pueden ser  cercanos y alcanzables también, presencia que acompaña, conduce y tranquiliza, silencio que no expresa indiferencia sino compasión.

Pensar en la escuela como hermosos edificio, cómodas aulas, distribución, organización, orden o eficiencia nos puede hacer perder en lo superficial de su rol… el lugar donde la persona habita o transita no puede ser nunca más importante que ella misma, más importante que su cuidado primero.

Jesús, durante toda su vida, no paró de hablar de dos cosas, del amor y de un Dios que ama sin límites. ¿Por qué no sostenemos estos dos conceptos todos los días de la vida de nuestras escuelas? ¿Por qué nos confundimos y separamos las cosas? ¿Qué saber no se puede transmitir desde el amor, la pasión y la cercanía?

Los lugares que ocupamos no nos definen, somos nosotros los que les damos forma y expresión y son desde ellos donde salimos al encuentro del otro.

De la forma en que concebimos a ese otro, de la forma en que entendemos la escuela y la docencia y desde nuestro propia imagen de Dios se irá construyendo nuestro rol y nuestro hacer… preguntarnos sobre ellos es un inicio:

¿Quién es el otro para mí? ¿Qué representan para mí el alumno, mi colega, mis directivos? ¿Qué es la escuela para mi vida, que significa? ¿Quién es Dios? ¿Qué tiene que ver conmigo?

La realidad es que no hay puntos intermedios, optar es complejo, se nos juega la vida en eso y más aún, también se juega la vida de aquellos que me escuchan y tienen que ver con mis decisiones.

Optar es el primer paso y es en el que deben apoyarse mis convicciones… sostener la opción es un camino largo y complejo en el que la misericordia y el amor que Dios nos sostiene y  acompaña.

Caminar la opción algunas veces se transforma en un recorrido solitario… Dios se te hace presencia cercana. Levantá la mirada, buscá a aquellos que te pueden escuchar o acompañar, construí comunidad… y confiá.

Amigos, soñemos con escuelas cercanas, con el oído dispuesto y llenas de propuestas donde el saber, la ciencia y los contenidos sean llevados con sonrisas, transmitidos con pasión y acompañados con gestos… y una vez que soñemos… empecemos a transformar los sueños en realidad.

Lo único que salvará al hombre de la apatía, la desilusión, la pasividad y la ignorancia es una escuela que exprese en su hacer diario la presencia de un Dios que ama, libera, apasiona y educa.

Fraternidad Raboni

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