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El Maestro enseña los domingos – 02/10/2016

Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: “Me arrepiento”, perdónalo».
Los Apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». Él respondió: «Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, ella les obedecería.
Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: “Ven pronto y siéntate a la mesa”?  ¿No le dirá más bien: “Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después”? ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?  Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”». Lucas 17. 3b-10

 

La palabras de Jesús hoy nos hablan de dos rasgos distintivos de lo que implica su seguimiento: El Perdón y el Servicio.

Resulta muy curioso es que frente a esta propuesta los apóstoles lo único que piden es “Que les aumente la fe”. No piden consejos, ni pistas, ni tampoco estrategias para hacerlo, sino que vinculan la capacidad de perdonar y el asumir la vida desde el servicio con la fe. Y esto es así, porque tener fe es una experiencia que surge cuando experimentamos el gesto, la mirada, la escucha y la voz de un Dios que, ante todo nos perdona y se pone a caminar a nuestro lado como quien nos sirve, lavando nuestros pies, sanando nuestras heridas, llenando nuestros vacíos.

Eso es la fe, por eso los apóstoles al escuchar la palabra perdón le piden ante todo que se las aumente.

Hoy especialmente podemos girar en torno al pedido de los apóstoles y, desde nuestro lugar educativo ser capaces de mirar con profunda sinceridad si nuestra escuela con su modelo pedagógico y su didáctica, si nuestras clases, si nuestras prácticas, si nuestros modos de dirigir y administrar están al servicio de la fe. Un modo de darnos cuenta de si vamos por el buen camino es poder distinguir si nuestros ambientes institucionales, si nuestros espacios áulicos son expresión de perdón y servicio.

Durante mucho tiempo hemos creído que la fe aumenta sólo por el conocimiento y el aprendizaje de historias y doctrinas. La fe aumenta cuando se ama no cuando se memoriza. La fe aumenta cuando se experimenta y se da el perdón, no sólo cuando se cumple un precepto o se da una limosna.

Dar catequesis, enseñar la doctrina, tener celebraciones y retiros, constituir grupos, etc. son todas acciones importantes y necesarias, constituyen nuestra identidad y no sería bueno prescindir de estas u otras experiencias similares. Pero nada de esto garantiza el aumento de la fe en la vida de alumnos, docentes y familias. En realidad lo único que lo garantiza es que nuestros proyectos sean canales y se constituyan en caminos de encuentro real con el Dios vivo del Perdón y del Servicio.

Finalizamos con palabras del Papa extraídas de la Bula de Convocación del Jubileo de la Misericordia, en ellas podemos encontrar horizontes posibles que nos lleven a vivir la experiencia amorosa y misericordiosa de Dios. Él nos dice:

“No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo.” …”En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos”…”En nuestras parroquias, en las comunidades, en los colegios, en las asociaciones y movimientos, en fin, dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia.”

Fraternidad Raboni

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