El Maestro enseña los domingos – 28/08/2016

27/08/2016 Deja un comentario

Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente.
Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:
“Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú,
y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: ‘Déjale el sitio’, y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.
Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate más’, y así quedarás bien delante de todos los invitados.
Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”.
Después dijo al que lo había invitado: “Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.
¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!”. Lucas 14,1.7-14. 

 

 

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El Maestro enseña los domingos – 21/08/2016

21/08/2016 Deja un comentario

Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén.
Una persona le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”. El respondió:
“Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán.
En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Y él les responderá: ‘No sé de dónde son ustedes’. Entonces comenzarán a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas’. Pero él les dirá: ‘No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!’. Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera.  Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios. Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos”. Lc. 13,22-30

El texto comienza diciendo, casi al pasar, que Jesús iba enseñando por las  ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén.  El Señor asume y despliega, a tiempo y a destiempo, su gran vocación: Él es Maestro y su misión es enseñarnos.  Nos invita constantemente a aprender sobre cómo es Dios, el Amor, la fraternidad, la justicia…

También el Evangelio dice que alguien le hace una pregunta y Jesús valora el cuestionamiento, lo considera, lo comprende y comienza a responder.

Hasta aquí ya tenemos dos claves para nuestra tarea docente:

  • La disposición para enseñar siempre, en toda circunstancia y lugar.  La actitud generosa de quien ofrece con humildad, todo lo que sabe, a quien lo necesita.  La conciencia clara de que lo poco que nosotros podemos saber (porque siempre se llega al umbral del conocimiento) es don de Dios para poner al servicio de los demás sin mezquinar ni especular.

Los que alguna vez deseamos estudiar algo y tuvimos la oportunidad de hacerlo, sabemos que el conocimiento es un manjar delicioso que uno puede saborear toda la vida sin que se acabe pero…si al hacer semejante degustación, no te nace el impulso de invitar a otros a experimentar lo mismo, entonces, qué sentido tiene?

Si cada uno de los que tuvimos la gracia de poder aprender, capacitarnos, formarnos, no se compromete en la construcción de un mundo mejor para las generaciones actuales y futuras, entonces, qué sentido tiene?

  • Otra clave del Evangelio es descubrir el valor de las preguntas y de los recurso.  A Jesús le bastó una pregunta para desencadenar el proceso de enseñanza-aprendizaje y le fue apropiada la imagen de la puerta angosta para explicar sobre la necesidad de hacer la voluntad de Dios para poder disfrutar de su reino,

Esto nos recuerda a algunos docentes que ven ocasión de desatar procesos de enseñanza-aprendizaje siempre, en cualquier situación, muchas veces al igual que Jesús en el texto, a través de preguntas (recibidas o formuladas).  Que gran habilidad es saber escuchar y que don es, más específicamente, saber escuchar preguntas, saber leer a partir de ellas los interrogantes vitales y profundos de las personas, los cuestionamientos hondos, que inquietan, que movilizan.  Que importante saber valorar y dar lugar a quién interroga, no acallar, no desestimar sino habilitar, repreguntar, invitar a indagar juntos, acompañar y guiar en la búsqueda de la respuesta.

Que gran habilidad también es saber hacer preguntas, saber generar esos interrogantes que desacomodan, que dejan pensando, que desafían, que ponen en movimiento.

También el Evangelio nos recuerda a esos docentes que si escuchan una canción, ya están pensando con qué contenido la pueden relacionar.  Si ven una película o leen un libro,  ya están imaginando con que curso lo pueden aprovechar.  Cada cosa que les sucede puede ser una anécdota para dar inicio a una clase; cada noticia, puede ser anclaje entre la teoría y la realidad

Gajes del oficio, vicios profesionales…cómo lo podemos llamar?

Si te descubrís en algo de todo esto, entonces, la vocación docente te recorre la médula, está en tu ADN… ¿Ya le diste gracias a Dios por esto? Es maravilloso!! Tenemos una profesión tan afortunada…

Hoy es un día para alabar a Dios por todos los beneficios recibidos de sus manos, cada día, en nuestra tarea.  Es un día para valorar dones, descubrir capacidades.  Hoy es un día para mirar con ojos agradecidos el camino de recorrido y soñar a lo grande con otros que vendrán.

Es una gran oportunidad para recordar (volver a pasar por el corazón) a tantas personas que nos enseñaron, nos ayudaron a sacar lo mejor de nosotros mismos, nos motivaron, nos hablaron con la mirada tan encendida como para hacer arder nuestro corazón…

Fraternidad Raboni

El Maestro enseña los domingos – 15/08/2016

15/08/2016 Deja un comentario

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”.

María dijo entonces: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz“.
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre”.

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa. Lucas 1,39-56.

Hoy vamos a salir de lo que es habitual para nosotros en este espacio y les acercaremos otro momento de la Palabra. Mañana lunes 15 de agosto la Iglesia celebra la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María y queremos compartir con ustedes este texto.

Después de leer la Palabra podemos ver que todo se desarrolla a partir del encuentro de dos mujeres. Entre ellas existía un vínculo familiar ya que eran primas pero también existía un vínculo mucho más fuerte que las unía y que tenía que ver con el hacer de Dios en sus vidas.

Dios obra en la vida de estas mujeres de distinta manera, Isabel recibe en su vientre el milagro de la vida que tantos años le había pedido a Dios mientras que en María, Dios obra desde su propia elección ya que la decisión no surge del pedido insistente de ella sino desde su propio querer.

Existe un vínculo muy fuerte entre Dios y la persona y su intervención es algo que solo se puede observar y agradecer porque nosotros estamos seguros que este vínculo y este hacer de Dios solo tienen que ver con la Vida Nueva y la Renovación de la misma.

No es omnipotencia pensar en una escuela que busque esto mismo, ser lugar de Vida o de Restauración de Vidas.

Lugar donde no se busque el error sino que ante él prevalezca el amor, lugar donde los límites sean dialogados, reales y compartidos.

Una escuela donde los grupos no se identifiquen por sus nombres sino que las personas sean conocidas por los suyos, una escuela que sea lugar de abrazo, honestidad y cuidado de la vida de los otros.

Los tiempos donde sucedió este encuentro que relata el Evangelio eran tan complejos como el que nos toca vivir hoy y a pesar de esto, estas dos mujeres frente a un futuro más complejo aún, recuerden que Isabel ya era una mujer grande y María era una niña sola, ellas dos confiaron en lo que creían y optaron por la Vida, la celebración y el encuentro.

Y cuando esto sucede lo mejor de cada uno acontece, explota y se extiende. Un alumno nombrado, un gesto que invita o una palabra que sana multiplican y extienden Vida.

Nuestras escuelas también viven tiempos complejo más vinculados con lo que pasa fuera de ellas que dentro; optar por la pasividad o la individualidad en mis actos oprime y aísla.

La desconfianza nos ha herido y desde ella el temor y la revancha corroen nuestros cimientos.

En nuestras escuelas vivimos en situación de encuentro constante pero dependerá siempre de nosotros, (docentes, familia, directivos, sacerdotes, hermanas) y de aquello que nos impulsa, que nos lanza y moviliza, si esos encuentros son para celebrar y expandir la vida o no.

Hagamos nuestra la oración y reconocimiento que la Palabra de hoy nos regala, seamos nosotros Isabel y María en el relato y optemos por confiar, abrir, aportar, salir y buscar.

Detengámonos en nuestro hoy y generemos propuestas que busquen al otro y generen alegría y encuentro. Construyamos desde nuestro lugar, el aula, la oficina, la iglesia o el patio momentos únicos donde no tengan lugar la desconfianza y el miedo y si lo tengan el abrazo, la sonrisa, la paz y la confianza.

Vivimos encontrándonos a cada minuto… hagamos como ellas y que cada encuentro sea para agradecer a Dios.

Queridos amigos, con María nos llega Jesús, en nuestra Madre encontramos a este Hombre/Dios que solo conoce del Amor y de la Vida.
Ofrecerle a ella nuestro día, nuestro trabajo, al ingresar a la escuela o al aula, frente a una situación de conflicto o un error, nos saca de la soledad y nos conecta con la esperanza.

El Maestro enseña los domingos – 07/08/16

08/08/2016 Deja un comentario

No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino.

Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla. Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón.

Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. ¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos. ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!  Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada».

Pedro preguntó entonces: «Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?».  El Señor le dijo: «¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo!  Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si este servidor piensa: “Mi señor tardará en llegar”, y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles.

El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo. Pero aquel que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más. Lc 12. 32-48

“Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo…Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón”

De las muchas enseñanzas del Maestro expresadas en los textos de los evangelios, la que acabamos de mencionar es una de las más significativas.

El texto de hoy nos habla ya no sólo del lugar y la tarea del discípulo, sino de su forma de estar de estar en el mundo y en la historia.

Es muy abundante el material para la reflexión que nos deja el texto de Lucas, de todo elegimos quedarnos con la expresión del tesoro y del corazón. Expresión que nos habla de la necesidad del aprendizaje y la práctica del discernimiento como paso previo a la toma de decisiones.

La escuela y sus prácticas docentes y directivas, debieran volver a plantearse el lugar que ocupa la formación para el discernimiento y la toma de decisiones.

Qué elegimos, por qué lo hacemos, para qué, en qué momento, qué hacemos con aquello que elegimos.

Toda elección parte de una necesidad a cubrir o completar. Puede ser desde lo más cotidiano cómo elegir una canción para escuchar por ejemplo, hasta situaciones más trascendentes como la elección de una profesión, un modo de vivir, una postura frente a la realidad social, un amor, una religión, etc.

Es en este aspecto en donde Jesús ilumina con la imagen del tesoro y el corazón. Lo que El dice con absoluta claridad es que lo que moviliza al corazón y por ende a los verdaderos criterios que nos mueven a tomar las decisiones que tomamos es donde tenemos puesto el tesoro o dicho de otro modo, cuál es de verdad la riqueza que perseguimos.

La Palabra nos habla de un tesoro inagotable: el del Cielo, que se traduce en la búsqueda de una  vida trascendente, de la confianza plena en la providencia de Dios, ver al otro como un hermano, de gastar y desgastar la vida en la búsqueda del amor, del encuentro fraterno, de la justicia, de La Paz.

El tesoro inagotable es el que ve en la práctica de la misericordia un camino y una necesidad.

La imagen del samaritano cargando al herido es tal vez una de las más claras para ejemplificar estas palabras. Su tesoro era la vida y su defensa, por eso se detuvo sin importarle el tiempo que tuvo que dedicar y cargó con el otro hasta sanarlo.

Lo contrario sería aquel joven rico que se acercó a Jesús para seguirlo, pero que ante la necesidad de una elección en relación a sus bienes abundantes, su verdadero tesoro, terminó decidiendo por ellos.

Es bueno en este marco preguntarnos qué espacios de nuestras planificaciones contemplan la enseñanza del discernimiento y la toma de decisiones. Cuántas posibilidades de elección les damos a nuestros alumnos. Qué tesoros les enseñamos a “acumular”….Son los inagotables que se guardan en el Cielo o son más bien aquellos que “la polilla destruye” o quedan a la merced del ladrón.

“Allí donde esté tu tesoro estará también tu corazón”. Jesús no sólo le apunta a lo que se elige y se opta, sino el sentido más hondo de por qué se hace es decir el criterio que sostiene verdaderamente la vida de las personas. Por eso estas palabras encierran mucho más que una imagen y nos llevan a discernir con certeza y profundidad aquello que verdaderamente nos motiva.

Qué buscan nuestras búsquedas, qué sacian realmente nuestras elecciones, qué anhelan verdaderamente nuestros anhelos.

Es una semana para revisar el contenido y el sentido de nuestros tesoros, hacia dónde va yendo nuestra vida, qué expresan nuestras prácticas, qué se ha agotado, cuánto tiempo hemos dedicado a tesoros que sólo acumulan pesos innecesarios y que no dejan lugar a lo trascendente, a lo eterno, a lo vital.

El Maestro enseña los domingos – 31/07/2016

31/07/2016 Deja un comentario

En aquel tiempo: Uno de la multitud le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”.
Jesús le respondió: “Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?”.
Después les dijo: “Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas”.
Les dijo entonces una parábola: “Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: ‘¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha’.
Después pensó: ‘Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes,
y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida’.
Pero Dios le dijo: ‘Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?’.
Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios”. Lucas 12,13-21.

 

 

 

 

 

El Maestro enseña los domingos – 24/07/2016

23/07/2016 Deja un comentario

Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos».

Él les dijo entonces: «Cuando oren, digan:
Padre, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino;
danos cada día nuestro pan cotidiano;
perdona nuestros pecados,
porque también nosotros perdonamos
a aquellos que nos ofenden;
y no nos dejes caer en la tentación».
Jesús agregó: «Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: “Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle”, y desde adentro él le responde: “No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos”. Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.
También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Hay algún padre entre ustedes que dé a su hijo una serpiente cuando le pide un pescado? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!». Palabra de Dios

El tiempo del receso escolar nos hace salir de la rutina cotidiana e indefectiblemente nos pone en un marco de descanso y toma de distancia respecto de lo que habitualmente hacemos. Es un tiempo providencial, para disfrutarlo en el encuentro con los otros, en el descanso, en el aprovechamiento del tiempo libre y también para poner en orden aquello que el día a día con su ritmo, muchas veces frenético, mueve, desestructura y agota.

El texto que hoy se nos propone nos habla de la oración. Orar es una experiencia de encuentro con un otro, en este caso nuestro Padre Dios. Ahí está la clave de la oración, no es una experiencia de autoayuda o relajación. No es un espacio para ir a pensar mi vida, no es un momento para desconectarme de la realidad y sumergirme en mis pensamientos. Orar es mucho más que eso, orar es encontrarse personal y experiencialamente con el Padre del Reino, con el Señor de mi Vida, con el Dios de la Misericordia y la Compasión. Sólo habrá verdadera oración cuando pueda experiementar un encuentro trascendente y vital con aquel que está más allá de mi y que es capaz de poner en marcha mi propia vida.

Hoy no vamos a hablar de la pedagogía de Jesús, ni del modo de hacer real en nuestras prácticas docentes la Palabra del Domingo. Hoy la propuesta pasa por repensar nuestros modos de orar y el vínculo que tenemos con la oración. De lo que respondamos a esta cuestión saldrá el modo que estamos teniendo de vincularnos con el Padre.

Los discípulos veían en Jesús a un hombre de oración. Esto evidentemente los conmueve y sorprende. Hay algo en el modo de orar de Jesús que les llama profundamente la atención. Por eso se sienten invitados a experiementar lo mismo que él: “Enséñanos a orar”, le piden. Y en los “consejos” que les da, les define lo que es la oración para él. No les enseña una técnica, no les da fórmulas ni teorías, simplemente les dice que hablen con un Padre, que se encuentren con él, que reconozcan su don, que le pidan el Pan, el Reino, el Perdón y la fuerza para no caer. Que sean insistentes y que crean en lo que piden, que llamen, que busquen.

La otra clave en todo esto es la simpleza del corazón y la confianza en que, más allá de lo que pida está la certeza en que lo que Dios dará será lo mejor para mi vida, porque asi dice la Palabra “si ustedes, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!»

Hay una falsa dicotomía que plantea una distinción entre la oración y la acción sin embargo, nada más activo que la oración cuando ésta es ocasión de encuentro. Las acciones más importantes de la vida de Jesús empiezan y se sostienen en una experiencia orante. La originalidad del cristiano pasa por expresar oración en su acción, por descubrir un corazón orante sosteniendo y alimentando una práctica amorosa. El problema muchas veces está en que para orar necesitamos un tiempo, un espacio y sobre todo silencio exterior e interior que no siempre estamos dispuestos a conceder. Ahí está uno de los principales problemas con el que nos encontramos. Cuánto tiempo le dedican las comunidades educativas a la oración? Rezan los directivos antes de tomar una decisión? Qué espacios de silencio, encuentro y oración ofrecen las escuelas a sus docentes y alumnos? Es la oración algo reservado sólo para el sacerdote o la religiosa o es una experiencia de encuentro y testimonio compartida por todos? Qué lugar ocupa la oración personal y comunitaria en nuestra vida docente?

Al revisar cómo rezamos, revisemos también cómo nos estamos vinculando con Dios, puede ayudar ponerle un título a este vínculo. También podemos revisar en qué se basan nuestros pedidos y sobre todo si al orar estamos encontrándonos con este Padre amoroso que nunca nos dará un “escorpión” si le pedimos un “pan” y que está dispuesto a abrirnos la puerta del Reino, un Reino en donde nunca faltará el pan cotidiano, el perdón redentor y la fortaleza para no caer.

Fraternidad Raboni

El Maestro enseña los domingos – 17/07/2016

23/07/2016 Deja un comentario

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.
Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude”.

Pero el Señor le respondió: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada”. (Lc. 10,38-42) 

En la vida escolar hay infinidad de cosas que parecen necesarias e importantes, como planificar, proyectar, enseñar, preparar clases, acompañar a las familias, resolver conflictos, corregir al que se equivoca, felicitar al que se va superando…Hacemos todos los días, muchas cosas necesarias pero, si por ocuparnos de todo eso no nos queda tiempo para escuchar a los demás, de qué sirve el trabajo?.  Posiblemente abordamos muchos servicios a Dios y al prójimo pero solo una cosa es necesaria: Escuchar a Jesús cuando se hace presente.

Marta recibe a Jesús en su casa pero, inmediatamente después, no tiene tiempo para escucharlo y estar con Él.  En nuestras escuelas recibimos todos los días a Jesús en cada niño, en cada joven, cada compañero, cada familia.  Los invitamos a pasar a casa pero después? Nos ponemos a sus pues, como María? O nos aceleramos en mil cosas y nos olvidamos que el Señor está ahí?  Somos capaces de dedicar tiempo a escuchar? Escucharnos entre nosotros, escuchar a Dios… No hablo de escuchar apresuradamente, mientras hacemos otra cosa o mientras nuestros pensamientos ya están pendientes de lo que viene después.  Hablo de escuchar con amor, con toda la atención, con todo nuestro ser.

María optó por escuchar a Jesús.  Posiblemente no haya meditado demasiado su decisión. Tal vez lo hizo por impulso de su corazón.  Pero Jesús, que podía ver más allá de la circunstancia, sabía que no permanecería por mucho tiempo en ese lugar.  María supo aprovechar esos breves momentos en que Jesús podría ser de ella y ella para ÉL, escuchándolo.

En nuestra tarea, a veces nos pasa, que vivimos instantes en los que vemos claramente la presencia de Dios en lo que hacemos.  Esos momentos en que el Espíritu Santo nos ilumina y podemos ver a Jesús ahí, en una situación precisa, en alguna  persona o en alguna enseñanza.  Este año fui testigo de cómo algunas personas pudieron dejarlo todo (lo cotidiano) para permanecer junto a  Jesús y escucharlo.  Comento solo algunos ejemplos:

  • Hace unos meses, falleció el papá de una alumna de secundario. Cuando Nayla se reincorporó al colegio, se acercó a una profesora para disculparse por no haber entregado a tiempo un trabajo práctico y explicar su situación.  La profesora, que ya había dado una actividad al resto de sus compañeros,  la invitó a sentarse para conversar y dedicó varios minutos de su clase a escucharla como si no hubiera nada más importante en el mundo. Si alguien veía la escena desde afuera, podía pensar que la docente desatendía al grupo o estaba de pura charla. Sin embargo, el clima gestado entre esas dos mujeres, la posibilidad de expresión, la demostración de preocupación, el cruce de miradas, los gestos de cariño, aseguraron la presencia de Dios aún sin nombrarlo.
  • Un nene de Nivel Inicial fue internado y tardaron varios días en poder diagnosticar su enfermedad y dar un tratamiento. Cada uno de esos días, su maestra lo fue a visitar a la clínica, y en varias oportunidades, llevó a “Superseño” para alegrarlo y robarle una sonrisa. (Superseño: Seño de Jardín disfrazada de superhéroe con todos los elementos necesarios)

A esa maestra no le sobra el tiempo.  Además de trabajar, tiene su marido, sus hijos, su casa.  Sin embargo, tenía la certeza de que ese era el lugar en el que tenía que estar.  Permaneciendo atenta junto a Jesús, presente en ese niño.   Tenía claro que “una sola cosa era necesaria” en ese momento.

Así podría seguir compartiendo varios testimonios más de personas que, el algún momento de su cotidianeidad, han dejado lo urgente y necesario, para dedicarse a escuchar y atender a Jesús.  Pudieron tener el reflejo y la lucidez para descubrir a tiempo ese instante en el que el Maestro estaba allí, haciéndose prioridad aún frete a lo que, cinco minutos antes, parecía impostergable.  Doy gracias a Dios por ser testigo de todo esto, por el valor de esos testimonios que, no solo  enriquecen a sus protagonistas, sino también a los que estamos cerca y tenemos la dicha de ser testigos.

Seguramente, vos que está escuchando, también habrás vivido alguna situación como estas en tu colegio.  Te invitamos a contarlas para que la abundancia de gracia de esos hechos desborde y empape también a quienes los escuchemos.  El amor, es la única cosa que, aunque se derrame siempre sigue fluyendo, alcanzando y sobrando para todos. En inagotable.  No lo guardes, no peques de humilde o vergonzoso. Hagamos que el Amor circule y entusiasme!!

Fraternidad Raboni

El Maestro enseña los domingos – 10/07/2016

09/07/2016 Deja un comentario

Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?”.
Jesús le preguntó a su vez: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”.
El le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo”.
“Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida”.
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?”.
Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: ‘Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver’.
¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?”.
“El que tuvo compasión de él”, le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: “Ve, y procede tú de la misma manera”. Lucas 10,25-37. 

 

Los Evangelios y la vida de Jesús están llenos de propuestas pedagógicas que, más allá de nuestra experiencia de Fe, nos pueden enriquecer en la tarea.

Una de las primeras que se desprenden de este relato es conectar al otro, primero, con lo conocido, con lo que sabe, con aquello que le da seguridad.

Poner al otro frente a lo que conoce le permitirá reflexionarlo y cuestionarlo, podrá reafirmar lo conocido o modificarlo para enriquecerlo; incluso hasta podrá descubrir nuevas preguntas.

Un docente no da las respuestas, no resuelve la tarea, no la hace por el otro… un buen docente genera preguntas y cuestiona respuestas para que el otro descubra lo desconocido.

Conducir vidas en un aula o en la escuela no solo tiene que ver con acompañar a descubrir contenidos sino también para potenciar vidas, extender miradas y abrir nuevos caminos de encuentro.

Es imposible pensar o intentar vivir las propuestas pedagógicas y de vida de Jesús sin incluir a los otros… Jesús no concibió la vida como concepto fraccionado o individual sino como sentimiento compartido con otros, la vida es amor y es el amor lo que le da contenido a nuestra vida.

Otra propuesta que podemos desprender del Evangelio tiene que ver con la compasión. Según su definición es un Sentimiento de tristeza que produce el ver padecer a alguien y el deseo de aliviarlo, se refiere a un sufrir juntos. Es un sentimiento muy vinculado a la Misericordia, que tiene que ver más con la acción. La misericordia se define como la Inclinación a sentir compasión por los que sufren y ofrecerles ayuda. Se manifiesta en amabilidad, asistencia al necesitado, especialmente de perdón y reconciliación. Es más que un sentido de simpatía, es una práctica”.

La compasión es lo primero que surge, podemos detenernos en ella o dar el otro paso, accionar, hacer algo. Los otros caminantes seguramente se compadecieron pero solo el último fue misericordioso.
La compasión nos conecta con una parte del amor, nos pone frente a la vida de los otros y nos vincula con ella, pero detenernos ahí no alcanza, nuestro rol nos pide más, nos pide el gesto, la acción, el hacer algo.
Algunas veces nos saldrá bien y otras no, algunas veces podremos hacer y otras no… eso no importa porque lo importante será encontrarnos intentando. El desafío será entonces descubrir a nuestro alrededor a aquellos que han sido “despojados de todo”.

Pasemos rápidamente el aula por nuestra mente, pensemos en la escuela, en los alumnos, el patio, la sala de maestros, la dirección, la congregación, paremos en cada rostro. Los Samaritanos no se llevaban bien con los Judíos… este es otro dato a tener en cuenta al momento de imaginar y buscar.

Jesús no da lugar a sentimientos que no se vinculen con el amor, la compasión y la misericordia, no entiende sobre disputas irreconciliables o diálogos terminados. No entiende de mentiras, murmuraciones o engaños, su vida fue una incansable invitación al encuentro, a la reflexión y a los gestos que sanan. Toda su vida, hasta en los extremos y límites,  intentó ser un buen maestro.

Dejá que este texto te acompañe en toda esta semana, recibilo y hacelo tuyo, encontrate con su mensaje desde la esperanza y la posibilidad y descubrite ante todo frente a un Dios que cura tus heridas, te mira con amor y que después de cada intento, te espera también, una y otra vez, con misericordia.

 

Fraternidad Raboni

El Maestro enseña los domingos – 03/07/2016

03/07/2016 Deja un comentario

Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.  No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.  Al entrar en una casa, digan primero: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!”.  Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.  En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;  curen a sus enfermos y digan a la gente: “El Reino de Dios está cerca de ustedes”.  Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: “¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca”.  Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.

Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre». Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo». Lc. 10. 1-12, 17-20

Hay algo claro en Jesús, ser su discípulo no tiene que ver con encerrarse con algunos elegidos en un lugar para aislarse del mundo exterior y de sus riesgos sino todo lo contrario. Ser discípulo, para Jesús es siempre estar dispuestos a responder a ese “Vayan, Yo los envío”. Su diagnóstico es muy preciso: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos”. Y el contexto en el que enmarca la propuesta no da ninguna garantía de éxito: “Yo los envío como ovejas en medio de lobos”. Y, como si fuera poco, los manda con lo elemental para el camino y dispuestos a vivir de la providencia y la generosidad de aquellos que los reciban. Sanar y Anunciar la cercanía del Reino y hacer descender la paz es el gran y único contenido de la Misión y finalmente como  recompensa: Tener un lugar en Cielo…Tener nuestros nombres inscriptos en la Vida que no se acaba.

El discipulado que Jesús propone no parece ser un proyecto rentable en el corto plazo. No parece estar interesado en la eficiencia y en el resultado inmediato. El proyecto de Jesús es un proyecto de Cielo, de trascendencia, de sanidad integral, de paz, de consuelo, de esperanza, de compartir bienes, de enfrentar a los poderes del mundo que se nos presentan como lobos desde nuestro lugar de ovejas sostenidas por las Palabras del Maestro.

¿Cómo enmarcar nuestros proyectos escolares, nuestro camino docente, en esta propuesta discipular? Hoy Jesús no habla de siembra sino de cosecha. Hoy no habla de semillas sino de frutos. Hay que poder conquistar una mirada de frutos, desde el evangelio de hoy, el Maestro nos está mandando a esto, a recogerlos. A poder entrar a nuestras escuelas y aulas a descubrir el talento y no el error. A sacar al hombre de sus encierros y ponerlos a caminar en sus posibilidades. Para que esto sea posible lo primero es estar dispuestos a despojarse. Despojarse de aquello que tal vez en algún momento sirvió para mi camino docente pero que hoy es un obstáculo. No se trata de repetir sino de crear y recrear. Sobre qué “bastones” me estoy sosteniendo y qué “calzados” estoy llevando que ya no prestan ninguna utilidad? Qué práctica estoy siguiendo, qué contenido estoy enseñando, qué proyecto de escuela estamos sosteniendo que no “sanan a los enfermos” y que “no anuncian la venida del Reino”. Cuáles son hoy los desafíos que se nos presentan? De qué me hablan y a qué me invitan?

Por otro lado, es una propuesta que nos cambia la mirada y, como decíamos anteriormente, nos pone en dimensión a la cosecha, al fruto. Veamos entonces la escuela, el aula, los alumnos como ese lugar al que ir a recoger lo que ha surgido. Lo que sostiene al discípulo es su amor confiado en el Maestro y no sus capacidades. Lo que sostiene una práctica docente discipular es esa fe apasionada, valiente y arriesgada en la propuesta de Jesús y su Padre. No es cuestión de habilidades es cuestión de confianza.

Si como escuela católica, como docentes cristianos, lo único que queremos es estar tranquilos y no asumir riesgos, estaremos siendo funcionales a esos lobos que nos amedrentan y agobian. Ese es el polvo que habrá que sacudirse, el polvo del miedo, de las falsas garantías, de los horizontes pequeños, de los caminos seguros.

“La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos”. Que la pasión por ir a recoger su cosecha en nuestros alumnos y colegios nos lleve a entregar la vida sabiendo que la única recompensa asegurada será ver nuestros nombres inscriptos en el Reino y junto al corazón amoroso del Padre.

Fraternidad Raboni

El Maestro enseña los domingos – 26/06/2016

26/06/2016 Deja un comentario

Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén
y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento.
Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: “Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?”.
Pero él se dio vuelta y los reprendió.
Y se fueron a otro pueblo.
Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: “¡Te seguiré adonde vayas!”.
Jesús le respondió: “Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”.
Y dijo a otro: “Sígueme”. El respondió: “Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre”.
Pero Jesús le respondió: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios”.
Otro le dijo: “Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos”.
Jesús le respondió: “El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”. Lucas 9,51-62.

 

Este, uno de esos textos en los que con absoluta claridad Jesús expresa cuál es la lógica del Reino y lo que ésta lógica le implica a sus seguidores. Resultan palabras desafiantes, incómodas y cargadas de radicalidad.

Jesús no es un maestro que disfraza la verdad con palabras edulcoradas, ni tampoco pone una vara tan alta como si se estuviera dirigiendo sólo a unos pocos elegidos.

En sus palabras él se juega la propia vida. Jesús no es un rebelde de moda, es el Hijo de Dios y nadie como él conoce la intimidad del Padre. Sabe bien la voluntad y el deseo de Dios y también es consciente del límite humano.

Hay cuatro intervenciones de Jesús en este relato que ilustran claramente el modo de seguir, anunciar y construir este Reino de Amor, Justicia y Liberación.

La primera está en relación al pedido de Santiago y Juan de “mandar a caer fuego para consumirlos”. Nadie que se diga seguidor de Jesús puede contemplar la venganza como posibilidad. En la lógica del reino de Dios todo está supeditado al Amor, aún la puesta del límite. El criterio de justicia no pasa ni por el castigo, ni por la venganza, pasa por el convencimiento y la firmeza de la aplicación de un criterio que defiende ante todo la vida y la persona. Para Jesús la justicia no es dar lo mismo a todos, sino lo necesario a cada uno, y el hombre también necesita de correcciones y límites para crecer. En este punto la escuela resulta un lugar clave. Todo el sistema normativo debiera ser reconsiderado a la luz de esta lógica. Resulta tan grave la rigidez en la aplicación de la norma sin tener en cuenta el contexto de la persona como la ausencia total de límites…en ninguno de los casos hay justicia y mucho menos amor.

La segunda intervención se expresa en el dicho de Jesús sobre que “El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. Jesús no sólo “habla de” sino que “vive en” permanente desapropiación. Vive sin nada propio. Sabe, y lo experimentó en las tentaciones en el desierto, que apropiarse de algo es subordinarse al tener y esto siempre deriva en pérdida de libertad. “Donde esté tu tesoro estará tu corazón” les dice el Maestro a sus discípulos en otro momento de su camino. Pedagógicamente de qué nos hemos apropiado? En qué hemos perdido la libertad? Cómo docentes, cuáles son los tesoros que le dan sentido a nuestro obrar?

 «Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre»… «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios». Parece una expresión insensible y extremadamente exigente, al punto de no contemplar una situación tan dolorosa, sin embargo el significado que encierra la frase apunta a repensar nuestras seguridades y todo aquello que queremos tener controlado. “Deja que primero vaya…” Dice este hombre…”Dejá que primero resuelva todos mis problemas y después te sigo…” Podríamos traducir. Tener todo bajo control, todo resuelto, vivir sin problemas. Todos estos aspectos son imposibles de alcanzar. Aprender a vivir en la incertidumbre, reconocer y aceptar la inestabilidad y confiar en la voz que nos llama a seguirlo es el gran desafío que encierra la expresión “Dejá que los muertos entierren a sus muertes, tú ve a anunciar el Reino”. Resulta también una gran invitación a construir modelos pedagógicos que aprovechen la incertidumbre como espacio para desarrollar las verdaderas seguridades.

Finalmente la ya famosa expresión sobre “la mano en el arado y la vista atrás”.  No hay que confundir memoria con nostalgia. La memoria ayuda no sólo a recordar sino a recrear hechos y actos humanos que fueron significativos en su momento y que tienen un potencial educativo en el hoy. Es decir que contribuye a encontrar el significado del pasado para hacerlo presente en las condiciones, con las herramientas y en el marco de las necesidades del contexto actual. En este punto la escuela tiene muchísimo por decir y sobre todo mucho por trabajar y reflexionar. La nostalgia, en cambio, nos clava en el pasado, nos lo hace ver como lo único bueno y posible. Destruye la esperanza y cancela la posibilidad de la promesa. En Jesús todo es memoria y todo es proyecto. Seguir a Jesús y anunciar su Reino implica tener los ojos y el corazón puestos en el horizonte.

Educar entonces, en la lógica del Reino sólo será posible desde un corazón desapropiado, que se anime a caminar en la incertidumbre, con los ojos puestos en el más allá de lo pasado y lo presente impulsados por la pasión y la alegría del seguimiento de Jesús, Maestro y Señor de la Vida.

Fraternidad Raboni